domingo, 18 de enero de 2015

Bandera de España



Pero, ¿sabéis qué os digo? Que me gusto tal y como soy (psíquicamente hablando, claro) porque he sufrido muchísimo (crisis profundas de valores, de identidad, profundos debates internos) y la única recompensa a las lecciones que me ha dado el destino ha sido la de tener la experiencia, la sabiduría y la madurez necesarias para poder llegar a ser como soy hoy en día.
Y eso no lo cambio por nada.

Sin toda la mierda que un día me afectó (y por desgracia a veces me sigue afectando) no sería quién soy: con todo lo bueno y todo lo malo que conlleva esto.

Por si os lo estáis preguntando los que no me conocéis personalmente, no soy como la mayoría. Tampoco soy una antisocial que desprecia las congregaciones de Bandera de España (aunque en mi pueblo sí, pero eso es otra historia).

Soy una conclusión, un popurrí de soluciones que he ido hallando a cada problema que he podido superar.
Y nunca me ha ido mal del todo con la modestia. Me gusta ser así, la gente aprecia mi cualidad, (o como lo queráis llamar) y no tengo porqué cambiarlo, ya que sobre todo es un rasgo de mi personalidad del cual estoy muy orgullosa.

Otra cosa es que, como bien Javi me ha dicho, confunda en ocasiones excesiva modestia con baja autoestima. Es algo que siempre he tenido en unos niveles demasiado bajos, una especie de "asignatura pendiente conmigo misma" (salvo la excepción que he relatado al principio) y que puede estar estrechamente ligada a mi tal vez, en ocasiones, excesiva modestia.

No hablemos ya del terreno físico. El nivel de autoestima que tengo, según Javi, se nota hasta en mi forma de vestir, de moverme, de actuar, de hablar...

¿Qué tal vez debería abrir ambas puertas (cuando las haya) al entrar y salir de un sitio porque yo lo valgo y soy demasiado "fashion" como para hacerlo sólo por una? Pues, como de momento quepo por ésa, seguiré entrando a los sitios por la misma de siempre, sin usar las dos.

Y mira que me podría haber dado por tomar el camino contrario: el creerme muy diva. Una ex-amiga me contó que se burlaban tanto de ella por su físico en el colegio que un día se encerró en su habitación y estuvo repitiendo delante del espejo para ella misma:

"Soy guapa. Soy guapa".

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